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Y ESTUDIAR… ¿PARA QUÉ?

 


Gran parte de los problemas del mundo
se debe a que los ignorantes están seguros
y los inteligentes llenos de dudas”

El muchacho ha dejado el estudio porque tuvo problemas en el colegio: un profesor se la tenía montada, iba perdiendo algunas materias, usted sabe, no le daban permiso para los entrenamientos ni partidos, además, llegaba cansado de las prácticas de fútbol a su casa y su mamá se volvía intensa con la cantaleta de que se pusiera a hacer las tareas. Así que una pregunta ronda ahora en su cabeza: “¿Para qué estudiar si lo que yo quiero ser es futbolista?”

Lo cierto es que esta idea está matizada por algunas imágenes: un negrito en la portada de una revista deportiva abrazado a una imponente rubia; es lateral izquierdo de la selección Colombia y todo el mundo sabe que no estudió, pero véanlo ahí dándose chapa de ídolo. Otro es un delantero que jugó en el exterior y que se hizo célebre por sus escándalos a lomo de caballo y pistola al cinto. Aquél otro, un monito con pinta de argentino y corte de Beckham, aunque es de Turbo (Antioquia), prácticamente no habla, más bien balbucea unas cuantas palabras pero exhibe un carrazo de última generación y con frecuencia aparece en los diarios haciendo publicidad.

¿Qué es lo que hace que nuestros deportistas sean tan alérgicos a los temas académicos?

El futbolista tiene que entender que el estudio no es una opción sino una necesidad. Su carrera de atleta viene a ser como la del paracaidista que no sabe qué puede ocurrir cada vez que se lanza al vacío. Aunque le han dicho que su profesión cuelga de un hilo, prefiere seguir viviendo una vida de fantasía: viajes, fama, cocteles, gimnasios, halagos, dinero. Todos los futbolistas parecen entender que una lesión, un accidente o una mala temporada puede marginarlos sin remedio. Todos saben lo efímero que puede resultar un momento de gloria y sin embargo…. Vaya y dígales que procuren estudiar, que hagan algo útil con su tiempo libre y entonces le dicen que sí, que es verdad, que ellos saben, que van a hacerlo, ¡claro!, pero que ahora no porque no tienen tiempo, usted sabe, los entrenamientos, los partidos, los viajes, el carro, mi señora.

Cuando estos muchachos sean conscientes de que prepararse intelectualmente implica darse cuenta, tener más elementos de juicio para poder resolver situaciones vitales y enriquecer la perspectiva de sus vidas; cuando descubran que esta adquisición de conocimientos no es una fastidiosa carga si no un “arma” para defenderse de los que quieren aprovecharse de él, de los estafadores y aduladores que sólo llegan en los gratos momentos de bonanza (“si la víctima se hace más lúcida, le queda más difícil al verdugo”, reza una sentencia); cuando sean capaces de aprovechar ese cuarto de hora que les da la vida para mantener los ojos bien abiertos y asimilar al máximo esa experiencia extraordinaria, entonces tendremos mejores deportistas, construidos a partir de la conciencia de su ser, sintonizados con una profunda necesidad de transformar el mundo a través de sus realizaciones.

Qué bonito es ser un futbolista de valía y qué importante y qué bueno que le paguen muy bien por hacer lo que más le gusta. Pero cuando el hombre olvida que precisamente él es el producto que está siendo vendido, canjeado y traficado, y cree, por otro lado, que tiene el control del asunto, allí no hay nada que hacer. Lo perdimos. La gran paradoja del deportista es que se esfuerza obstinadamente para venderse a sí mismo, pero luego reniega por ser tratado como mercancía. Por eso resulta decisivo ese conocimiento del mundo y de su entorno, porque es el único antídoto contra la banalización y contra la pérdida de la dignidad. No hay otra fórmula: o estás enterado en qué aguas te mueves, comprendiendo las leyes del juego y sus fluctuaciones, o definitivamente eres carnada para tiburones.

Muchos se quejan de que no pueden estudiar por sus compromisos deportivos y en ciertos casos hasta tendrían algo de razón, pero no se trata sólo de eso. El mal fundamental es la falta de curiosidad, eso es lo que nos condena a ser dominados y ultrajados por otros. Lo triste es ver a los chicos suspendidos en el limbo, mirando hacia otro lado, distraídos como zombis. Ahora, sin embargo, existen tantas formas de educarse, que no necesariamente yendo a la universidad; si se puede adquirir una educación formal ni más faltaba, ¡fabuloso!, e insistimos, sería lo ideal. Pero si no, hay están los libros, las revistas, el periódico, el Internet, las charlas con gentes ilustradas o estudiar una carrera a distancia. Por algo en la sede de las divisiones menores del Boca Junior de Argentina, hay un inmenso letrero a la vista de todos los que llegan: “El fútbol es una posibilidad, el estudio una seguridad”

Pero lo verdaderamente importante es tener siempre una pregunta en la mente. Por qué esto y por qué lo otro. El conocimiento real parte de un cuestionamiento auténtico por querer saber las cosas, conocer cómo anda el mundo, comparar conceptos y realidades, entrenar el pensamiento a diario y para esto no es estrictamente necesario estar en la academia.

Basta con ejercitar la imaginación preguntándose por todo, leerlo todo, no sólo libros, también un gesto, un partido de fútbol, una situación singular, el giro de los acontecimientos. Quien lee sabe que su alma está en permanente formación. Usted se ha preguntado, como se pregunta a veces Abel Da Graca, “qué pasaría si Maradona fuera como Valdano”.

La clave está en adquirir el convencimiento de que la vida como futbolista es una ilusión mientras no se tomen las propias riendas. Quién va administrar los recursos conseguidos en esos pocos años. Cómo invertir ese capital económico y social que cayó como del cielo. Cómo salir bien librado de tantas tentaciones a las que se ve sometido un ídolo. ¿Cómo serán esos años venideros cuando haya pasado su cuartito de hora y vuelva a ser una persona normal? Recuerde lo que dijo un viejo sabio: “Cuando eres viejo para el fútbol eres joven para la vida”.

Y por supuesto, no perder la capacidad de sorprenderse y cuestionarse. La gente que no tiene dudas con seguridad se equivoca, dice el refrán.

Con razón uno de los futbolistas más centrados y realizados que conozco, cuando se encuentra conmigo y me ve angustiado tratando de terminar un escrito, me dice que no me preocupe, que las personas inteligentes son las que están siempre llenas de dudas. ¿Será verdad?

que mira un cazatalento

“Ajá, profe, ¿y qué es lo que usted mira en un jugador?”... Digo que tengo en cuenta tres grandes pilares que conforman una base sólida, como si fuera una mesa de tres patas. Son a saber:EL TALENTO: Por supuesto, pero, ¿Cómo detectamos el talento en un jugador de fútbol?... pues, observe cómo RESUELVE en cada jugada en que participa. Analice también si es capaz de leer el juego. Generalmente alguien con talento es asertivo en la mayoría de sus decisiones. Conviene mirar, además, cuál es el registro de sus acciones en las áreas de máximo riesgo. En últimas, el potencial se traduce en jugadas que pueden ser llevadas a una cifra estadística. En cuántos mano a mano sale airoso, cuántos goles concreta, cuántas pelotas recupera, cuántas veces arriesga con acierto...Pero el Talento no es suficiente. Se necesita también VOCACIÓN. Y ¿cómo descubrimos si el joven tiene vocación?... pues, en su manera de entrenar, en el gusto por la actividad. Que sea capaz de entregarse, de exigirse. Que quiera aprender siempre. El verdadero trabajo del futbolista no es jugar al fútbol, sino perfeccionarse física y mentalmente a través del entrenamiento programado. Sin vocación no es posible mejorarse a sí mismo con una rutina diaria.Y el tercer elemento es la CONSAGRACIÓN: Consiste en una disposición de ánimo que se traduce en hábitos sanos con respecto a la nutrición, el Descanso, la Higiene y el Manejo del tiempo libre.En la Nutrición: Un niño que tenga vocación de faquir, por ejemplo, no puede aspirar a ser futbolista. Cómo es eso de que no le gusta la ensalada ni los granos. Que no come frutas ni pescado. Está condenado a no fortalecerse como atleta. El ser humano es lo que come. De su nutrición efectiva dependerá que los procesos de crecimiento se cumplan íntegramente. Una dieta en cantidades balanceadas, de acuerdo con la edad y las exigencias físicas, rica en proteínas, cereales, verduras, frutas y lácteos, más algunos complementos alimenticios, ayudará a alcanzar el nivel ideal. Debe procurarse un horario establecido para tomar los alimentos. Evitar el exceso en el consumo de azúcar, cafeína y grasa animal.Descanso: Hay que respetar una rutina en los horarios de descanso para no atentar contra la estructura del sueño. No todo puede ser movimiento y exigencias. Es necesario recargar baterías. Hay que evitar el exceso de fútbol, el exceso de actividad. Después del entrenamiento el complemento ideal es una buena nutrición y un descanso reparador. Nada de llegar y salir inmediatamente para la calle y menos regresar tarde a casa, porque es como si se siguiera entrenando, propiciando una sobrecarga de esfuerzo. Además, se ha dicho la hormona del Crecimiento se dispara durante el sueño.Higiene: Mantener una limpieza del cuerpo, especialmente de los pies, evitará que se instalen procesos mórbidos (enfermedades) en el organismo. El futbolista debe cuidar sus pies como el pianista cuida sus manos. Son sus instrumentos de trabajo. No puede haber algo más lamentable que un futbolista con “pecuecas”.Es importante cambiarse de ropa después de jugar o entrenar. Hay que tener en el maletín los implementos de aseo: toallita, desodorante, talco para pies, chanclas, jabón, etc. No descuide la higiene dental. ¡Consiéntase!Manejo del tiempo libre: Esto equivale a la higiene mental. La felicidad del ser humano es proporcional al buen manejo del tiempo libre. Toda persona debe descubrir una actividad complementaria que la atrape. Que le llene sus horas muertas. Especialmente los deportistas que a veces tienen tanto tiempo libre. Hay que apuntar a labores manuales o intelectuales activas como la electrónica, la computación, la pintura, la lectura, el cine, las artes o el estudio en general. No es suficiente con ponerse a escuchar música, esta es una actividad pasiva, a no ser que se baile o que sirva para componer canciones. Y no todo el tiempo puede ser fútbol por televisión. El joven debe enriquecer sus conocimientos explorando otras áreas.A un chico que posea todos estos elementos, nadie podrá garantizarle, aún, que llegará a ser un gran futbolista, (eso dependerá también de otros factores) pero tendrá muchas más posibilidades que aquel al que le falte alguno de esos pilares.En definitiva, la clave está en adquirir una serie de hábitos sanos. Lograr ese pequeño triunfo de cada día aportándole algo a su crecimiento personal y deportivo, construyéndolo como un artesano, porque, en últimas, el éxito es un montón de pequeñas cosas hechas bien hechas.

Hola, calidoso:

Queremos agradecerte que juegues para nuestro equipo. Nuestro querido y modesto equipo de pueblo. Los fines de semana la cita obligada es ir a verte a la cancha. Vamos todos, el barrio, la familia completa, hasta el alcalde y su señora. Tenemos que estar ahí porque no se sabe cuándo te vas a inventar una de esas jugadotas que uno después se va a doler el resto de la vida no haberla visto. Descubrimos que te habías metido definitivamente en nuestros afectos cuando el Bebo, con escasos cuatro años, mientras rebotaba la pelota contra una pared y narraba un partido imaginario, utilizaba siempre tu nombre en el momento en que a él se le antojaba celebrar un gol o exclamaba que habías hecho una genialidad en el Santiago Bernabeu. Eres nuestro ídolo.

Pero no sólo por los magníficos goles, tus jugadas de crack, tu elegancia para pisar la pelota con esa zurda, ni porque además nos regalas esa embriagante sensación de saber que si estás de nuestro lado contamos siempre con alguien que resolverá en el área contraria cuando las papas se pongan calientes. Esa confianza extra de pavonearnos en la tribuna sintiéndonos ganadores. Esa seguridad de poseer la llave para abrir todas las puertas. Aquí se mueren todos: a la usanza de los argentinos de Colón de Santafe, nuestro pequeño estadio es el cementerio de los elefantes. Tu nombre, por tanto, es sinónimo de alegría. Invocarlo es nuestro grito de combate.

Eres nuestro ídolo también por todas esas otras cosas que nos das: Te vemos cuando vas para los entrenamientos y pasas cerca de la casa y saludas con cordialidad y se te nota entonces una placidez extrema, un regocijo infantil, una tranquilidad de santuario. Además, sabemos que te gusta entrenar. Qué gran ventaja, hermano. Te mira uno y piensa: “Carajo, este tiene la mitad del camino ganado, mira que no se deja apurar por afanes, mira qué confianza se gasta”. Y entonces resulta inevitable que alguien les diga a los otros jóvenes, parados en la esquina, mirándote abrumados por la admiración o por aquello que se conoce como envidia sana: “Sigan los pasos de ese monstruo, muchachos”

Y somos muy felices cuando te vemos jugar con esas ganas y esa entrega como si actuaras para el Real Madrid. No como otros futbolistas que van y celebran sus goles con la tribuna agitando la camiseta, queriendo mostrar que la aman mucho, y luego, unos minutos después, dicen en una entrevista por radio que su gran sueño es irse a Europa. En unas semanas se los lleva un equipo de aquí mismo de Colombia, eso sí, con más plata, y vuelven a mostrar la camiseta con tanto amor como lo hicieron por acá y uno les coge rabia. Porque son unos faltones. No les creemos, mercenarios, falcionis, vendidos, traidores, por acá no vuelvan, no los queremos porque jamás pusieron el corazón como tú lo haces.

Pero estate tranquilo, calidoso, que si te concentras en lo que tienes que hacer, si eres fiel al compromiso con tu divisa, si no aspiras a más nada que al simple ritual de estar ahí, absorbido por ese partido de ahora como si fuese el último de tu vida, si eres capaz de hacer aflorar todo ese caudal de fantasía que tienes en tu interior y ponerlo al servicio de la alegría de tu barrio, seguramente algún cazatalentos de un equipo grande vendrá a buscarte, porque sabemos que lo que más se aprecia en el fútbol de élite es la capacidad para entregarse como si fueras un iluminado. Ya lo decía un profesor que estuvo por acá: La diferencia entre un jugador normalito y un gran jugador es la regularidad en su rendimiento.

No creas, nadie lo dice expresamente, pero en el fondo todos sabemos que estás condenado a marcharte, que te tenemos prestado, que tendrás que irte algún día a triunfar en otra escuadra poderosa, porque, tocado por los dioses y agraciado por las musas, brillas demasiado para quedarte en provincia, aunque tú sabes que vayas donde vayas seguirás siendo nuestro.

Y por supuesto, que vayas a la selección Colombia, que juegues partidos importantes. Que nos reunamos los vecinos un domingo en el barrio para verte por televisión, que menciones el nombre de tu pueblo, allá, saludos a los habitantes de Perra Perdía, que digas por radio lo mucho que quieres a tu mamá, a tu novia, a tus amigos, los panas, y hasta al Bebo que siempre está rebotando una pelota contra la pared y cantando goles a tu nombre. Qué orgullo un hijo nuestro, dirá el alcalde, hay que hacer una fiesta, maten una novilla, contraten un conjunto vallenato, manden a comprar más ron, saquen los picós y pongan música, esto hay que celebrarlo, no importa que no haya agua potable.

Lo que queremos es que cuando regreses no vengas agrandado, que atiendas a la gente que siempre te saludó, que sigas de amigo de los de la cuadra, no llegues entonces con esas amistades extrañas que aparecen sólo con la fama, aduladores con unos carrazos y brindando whisky, que fulanito de tal y pascual, no señor. Calidoso: no te dejes seducir por los cantos de sirenas, que tu eres y seguirás siendo del pueblo así te ganes un potosí.

Y sigue atendiendo a los niños, como lo haces ahora, háblales, cuéntales todas esas historias de viajes y personajes de leyenda con los que has compartido, descríbeles cómo es el camino, y aprovecha para decirles que coman bien, que se cuiden, que descansen, que la vida es posible vivirla de manera amable cuando se deponen ambiciones mezquinas, cuando lo más importante sea aportarle a los demás y no tener más que los demás.

Que identifiquen sus talentos diversos porque no todos pueden triunfar en lo mismo. Y si eres tú quien viene a decírselos, te van a escuchar. Qué bonito es cuando valoras por igual al zapatero, al carnicero, a la cocinera, al profesor, al policía, al chofer, al embolador, a la enfermera, al agricultor, todos tienen algo que ofrecer. Demuéstrales que se pueden alcanzar logros sin atropellar a los otros. Lo dijo un sabio: “Los grandes hombres se reconocen por la manera en que tratan a los hombres insignificantes”. En últimas, ser útil a los demás es la mejor manera de triunfar. No puede ser que se busque el éxito en una carrera sólo para caer en excesos y despilfarros: De eso es que tienes que cuidarte, calidoso.

Entonces, lo que te pedimos es que sigas con esa tranquilidad de ánimo, con esa disposición y entrega en lo que haces. Sé un modelo de paciencia y bondad. Muestra, ante todo, tu condición humana. Un futbolista también puede enseñarnos que la decencia y la ternura no están en contravía de ese huracán que sale a la cancha.


Y SI NO ERES FUTBOLISTA…QUÉ?

“Los individuos que más fracasan son los que tratan de ser diferentes.Uno nace diferente, no se hace diferente”- Astor Piazzola
Voy a decirlo sin rodeos: hay muchos jóvenes aspirando a ser futbolistas. Y no es que esté mal que quieran intentarlo, es que le están apostando todo a un solo número. Emprenden esa carrera como si fuera la única tabla de salvación en la vida, y para peor, con el apoyo de los padres.A los padres modernos lo que más les preocupa es el sentimiento de culpa por no apoyar a sus hijos en la realización de sus sueños. Y entonces se someten a pruebas inverosímiles, como acompañar al muchacho en todos los entrenamientos y partidos, pagar los viajes, uniformes, arbitrajes, refrigerios… Y sobre todo, patrocinarles sus tentativas por mostrarse en los diferentes clubes profesionales. Que no vengan a decirles luego que no los apoyaron.Pero no se cuidan por saber cuáles son las posibilidades reales de su hijo. El muchacho y sus padres deberían guiarse por ciertos indicios, por ejemplo, haber descollado en un torneo importante, haber sido llamado a un seleccionado departamental, pertenecer a un programa de seguimiento. Pero no, el fútbol es una actividad tan subjetiva que es mejor sospechar de los entrenadores cuando estos no llaman al joven a la selección, y es preferible hablar con resentimientos de los veedores cuando estos escogen a otros aspirantes. Para poder seguir soñando.Es triste notar cómo hay jovencitos que pasan años y años en equipos aficionados de la Liga y hasta de primera C, todavía por ahí, ya casi sin ilusiones, arrastrándose y asoleándose a diario esperando una feliz oportunidad que muchas veces no llega. O llega pero es como un tiro al aire: son los padres los que deben financiar esos viajes donde se les hará una prueba incierta.Hay instituciones del fútbol que por no invertir en un trabajo serio, con un seguimiento oportuno y eficaz, están apostando a la cantidad, en detrimento de la calidad selectiva y le tiran a todo lo que se mueva. Es frecuente escuchar o ver que grupos de jugadores jóvenes, y en algunos casos, niños, han sido invitados a probarse en las divisiones menores de un club profesional sin ningún tipo de criterio preselectivo. Y así como los reciben, los devuelven.A eso súmele el desespero de los familiares y de los propios jugadores, quienes, ante la más mínima invitación y casi sin garantías, piensan que esa quizás pueda ser la única oportunidad en la vida y entonces se saltan cualquier proceso que se venga haciendo con ellos, porque aquí lo que más importa es aparecer, ir a probarse, lanzarse al ruedo, una y otra vez, en una frenética carrera, con la esperanza de que quizás en alguna sean admitidos. No olvidemos que estamos en la generación de los Realitys y los Factores XS.Pero, y mientras tanto, ¿qué ha ocurrido?.... ha pasado el tiempo. Y el joven sigue empecinado en esa quimera sin mirar hacia otras vocaciones. Su mayor anhelo es que alguien les resuelva la gran incertidumbre de si sirven para el fútbol o no. No se ha dedicado al estudio, por ejemplo, porque está esperando la gran oportunidad.¿No sería bueno que, mientras aspira a ser futbolista, este adolescente explore otras profesiones, revise qué otras aptitudes tiene, o en qué otra labor podría ser útil? Porque lo terrible suele ser cuando uno se encuentra con muchachos que si no son futbolistas no son nada. Quedan suspendidos en el limbo laboral, jugando partiditos de rebusque los fines de semana, viviendo la ilusión de que les pagan por eso, o resentidos hablando en una cantina por las roscas que lo marginaron. ¿Cómo es eso de que “Quiero que me hagan una prueba o si no me dedico al estudio?”… No se sabe, en este caso, si lo dicen por resignación o por amenaza.Hay algunos que no les gusta entrenar y quieren ser futbolistas. Hay otros que no les gusta comer o no saben descansar y quieren ser atletas de alto rendimiento. Hay ciertos ilusos que no han ganado nunca una competencia de jerarquía y sin embargo quieren que los prefieran por encima de otros que pueden mostrar logros. Hay padres que creen que porque su hijo es un afiebrado por el fútbol, porque desayuna, almuerza y come con fútbol, eso lo hace una estrella.Lo que hay que saber es que nunca se sabe. Nadie puede estar seguro de quienes alcanzarán la gloria o quiénes no. Aunque haya algunos que prometan más que otros. Lo importante es emprender la carrera del fútbol como un proyecto de vida, sin descuidar el aprendizaje y la exploración de otras opciones. El mismo fútbol, incluso, te puede brindar otras alternativas…Pero, te has preguntado alguna vez, joven amigo, ¿y si no eres futbolista, qué?...
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